lunes, 20 de marzo de 2017

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Encuentro con Julio Muñoz (@Rancio) sobre Operación chotis en adobo


Son las 16,15 horas y en Sevilla luce un sol que nos recuerda que la primavera llega siempre con adelanto a esta ciudad. Sentado en el mítico Picalagartos Julio Muñoz nos recibe con una sonrisa, que no abandonará en toda la entrevista y su mítica camiseta de las presentaciones, un tributo a Silvio que se está convirtiendo gracias a él en prenda de coleccionista y de culto.

Con un millón de preguntas acumuladas en todas esas presentaciones y ocasiones en las que no he podido coincidir con él la conversación rompe todas las formalidades y entre bromas recuerdos de toda índole y el descubrimiento de conocidos comunes me voy dando cuenta que Rancio Sevillano es igual que Julio Muñoz pero con más salero y Julio Muñoz es igual que Rancio pero más completo y multidisciplinar. El tiempo se pasa rápido hablando con él, descubriendo a un gran amante de su tierra pero que no es para nada excluyente con lo que viene de fuera aunque defienda lo que le guste porque él es alguien que se que se precia de tomar el pulso a la calle y vivir descubriendo más que enterándose de las cosas.

Tal vez por eso su personaje y sus libros hayan tenido tanto calado y es que representa todos esos momentos y placeres que nos han hecho felices en alguna que otra ocasión  y que sientan tan bien leer o comentar sobre ellas.


Se acaba el encuentro, las risas y las bromas con las que Julio ha compartido su confianza se acallan y uno se da cuenta que muchas veces la sencillez con arte es el camino más corto hacía el éxito popular.  Don Julio todo un placer y por favor la próxima que sea con un par de botellines como testigos. 



La desaparición del Oso y el Madroño es el explosivo inicio de Operación chotis en adobo. Pichi, un camarero gato de seis generaciones, recibe la noticia de que sus dos hermanos heavies, que normalmente charlaban pacíficamente en Gran Vía, han sido secuestrados. 500 kilómetros más al sur, una famosa pareja de cantantes de sevillanas ven amenazados los derechos de su gran éxito, una pegadiza canción que hizo bailar al planeta entero, y encargan su protección a un ingenioso y caradura abogado repeinado con gomina y rizos en la nuca: Megías. 
Pichi, de cocido, Megías de puchero; Pichi de caña, Megías de botellín; Pichi de zarzuela, Megías de sevillanas; uno y otro, tan distintos, tendrán que investigar qué está pasando en Madrid, y por qué es tan importante un antiguo disco del que ni siquiera los coleccionistas de El Rastro han oído hablar.





Quien soy

SEVILLA, ANDALUCIA
Un lector errante, con mil aficiones entre las que un buen libro es un refugio perfecto para devorar en el camino de la vida. Si quieres comentarme algo: elcapifer@gmail.com

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